¿Por qué no nos sale dar un apego seguro?. Se me ocurren 3 razones:
Porque nosotros tampoco lo recibimos.
Por desconocimiento.
Por la presión social y cultural, que nos aleja de nuestra naturaleza biológica.
Anteponemos creencias culturales a nuestra propia intuición y hacemos cosas como dejar a los bebés llorar por la noche, para que se acostumbren a dormir solos.
Efectivamente lo hacen en 2 ó 3 días, es el tiempo necesario para que los niños aprendan que no sirve de nada llorar porque tus reclamos no van a ser atendidos por tus cuidadores.
Este éxito aparente de los adultos lleva consigo el aprendizaje de que no se está en un entorno seguro y no se puede confiar en los demás.
Desde este ejemplo a todos los mensajes que mandamos a los niños durante su crianza, de retirarle nuestro amor si no se portan bien, va creando adultos inseguros y desconectados de sí, para evitar sufrir.
Afortunadamente, se puede revertir, porque todo lo que forma parte de nuestra naturaleza, no desaparece, sólo se vela.
Así pues, poniendo consciencia y desarrollando compasión, podemos hacer emerger ese vínculo amoroso y de cuidado hacia nosotros y hacia el entorno.
No es fácil, y se puede requerir ayuda para acceder a los patrones más arraigados en la infancia, y darle una nueva forma.
Para hacerlo sol@, cambiar el monólogo de tu crítico interior, puede ser el primer paso:
Dáte cuenta de cuando eres autocrítico. Un buen indicador es sentirte mal. Piensa en lo que te acabas de decir, las palabras y el tono
Realiza un esfuerzo consciente por suavizar esa voz crítica con compasión. Ofrécele comprensión, por ejemplo, “Sé que me hablas así para protegerme, pero esas palabras tan duras no me ayudan”.
Con amabilidad, de manera amistosa, vuelve a formular el diálogo empleando el mismo tono que usarías para consolar a un buen amigo.
Tenemos el poder de vivir con alegría y satisfacción, para lo cual hemos de responder a nuestro sufrimiento con bondad, hábito que no lo enseña nuestra cultura.
Feliz día!!